viernes, 4 de marzo de 2011

HASTÍO

Me hastié de ti,
de tus miradas inconclusas,
de tus manos diminutas,
de las palabras que no acaban.

Me hastié de tanto ir y regresar,
de tratar de prevenir con este olfato roto
los olores de tu casa, de tu piel.

Esa noche en la iglesia me hastié de ti,
de tu cabello obscurecido,
de la corpulencia de tus dedos,
de tu lógica, de tus versos .

Me hastíe tanto de ti, y tan de inicio
que creo que lo nuestro sólo fue correspondencia:
tú salvarme, para yo salvarte
de esas aflicciones que nos reunían:
huesos rotos, erupciones de años, noches de velorio y desvelos.

¡Cuánto estuvimos en las dolencias y que poco en las dichas!

A veces me esfuerzo en recordar ¿Cómo es que nos encontramos?
Algo andabas buscando en mí, o fui yo quien encontré algo en ti;
Ya no recuerdo, pero pienso que algún día debimos haber
bebido la leche del alba como licor nocturno,
y entonces nos perdimos, ¿o fue muerte natural?


Sandra Vidal.D. R. ©

sábado, 22 de enero de 2011

PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE


Como un amanecer deshabitado,
mi amante sobre el lecho.

Aquellas que fueron rosas
que incendiaron con su aliento mis besos,
hoy sólo un lánguido pensamiento que prolonga el duelo.

Tu sombra como una sábana mortuoria cubrió mi cuerpo.

Tu nombre persigue mi vejes,
Y en la febril morada del recuerdo,
muero y vuelvo a nacer en el desvelo .

Larga agonía unge mi cuerpo ,
más nada sería más cruel que haber extraviado tu nombre en el tiempo.
Sandra Vidal.D. R. ©

jueves, 20 de enero de 2011

Meditación II


Miro el cuerpo solo,
Lo que dura un grito, un sollozo
El fugaz brillo de los ojos …
como los besos que el amante juzga eternos

El terror de hallar vacio,
vence el esplendor del pensamiento,
y como el pez y la serpiente;
uno en agua , otro en tierra
se deslizan y se agitan en el mismo sitio,
sin poder jamás uno de ellos ir a donde va el otro;
así la mentira de las formas no nos deja ser más de lo que somos:
las pieles luminosas que “perduran”,
la brisa de la voz en los oídos.

Así esta boca que día a día descubre palabras, no es mía.
ni las manos que acaricias,
ni los risos cobrizos,
ni los oscuros ojos que pensaste tan míos…

Sólo apariencia que torna a ser fin:cenizas, residuos;
más los pasos que hemos dado ¿a dónde irán?


Sandra Vidal.D. R. ©

Meditación I


¿El recuerdo existe: el aroma, sus imágenes?

Aquel que yace en mi andar de improviso,
sin desear esculpirlo o detenerlo.

Aquel que se alza como un cúmulo de seres de vida intermitente
que en ocasiones encienden los serenos labios.

¿Qué es?, si es, el recuerdo en esta tierra fugitiva de agua y de sollozos que es la realidad.

Sandra Vidal.D. R. ©

sábado, 11 de diciembre de 2010

DÍAS QUE PRONUNCIAN MI NOMBRE


La danza de los árboles,
las oraciones que pronuncia el viento con su vaivén
son deleite, son recuerdos…
que me llevan allá, de prisa sin detenerme en sueños

Los días así, cristalinos y enormes de luces de atardecer me conocen,
saben mi nombre,
lo cantan una y otra vez llenando su boca con mis letras;
y yo que a veces lo ignoro/y yo que a veces lo abandono/ que a veces me olvido
de vuestras terrazas floridas y cálidas,
de lo bien que me hace mirar desde voz el amanecer
y dejar que vuestra noche oculte la fugacidad de las aflicciones que me atormentan
para luego contemplaros,
aprender de memoria vuestros colores,
vuestros aromas y la ilusión de todo lo que veo.

Hincándome ante la dulzura de voz,
con regocijo de haberos conocido aunque fuese superficialmente,
con el corazón de agua y reflexivo os procuro.

Sandra Vidal.

viernes, 5 de noviembre de 2010

NUEVA VIDA


Desnudo el crepúsculo
con los senos del tiempo tendidos sobre lamentos.

La piel descalza,
herida,
enferma de tempestad,
supuraba llanto;
llanto de mí:
de cielos enrojecidos y nublados,
de soles eclipsados y vientos que destruyen,
llantos por lloviznas que no acaban,
por lluvias de madrugada que caducan los rezos.


Y estando así lo vi,
como estrella en un cielo negro,
Inmenso, absoluto
se abrió ante mí
No pude escucharle, no pude mirarle…

Fue entonces cuando en la vacuidad de los sentidos,
pensé es mejor no tenerlos;
y me alce hacía Él que me esperaba como en siglos lo había hecho.

lunes, 18 de octubre de 2010

POESÍA QUE ILUMINA


No cabe la menor duda que hay momentos en los que la luz más diáfana ilumina como relámpago la Mente de alguno, y entonces surge la poesía que nos alumbra.

Les comparto este gran poema de Enrique González Martínez.

Cuando Sepas Hallar Una Sonrisa


Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;
cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;
cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos,
entonces en las flamas de la hoguera
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.
Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.
Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;
y besarás el garfio del espino
y el sedeño ropaje de las dalias…
y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino.