La poesía tiene una peculiaridad que me fascina,nace en la locura de la soledad y en el grito de un silencio que se ha prolongado, pero el fruto de un estado tan íntimo, no podría tener valor si se mantiene en privado.
viernes, 6 de mayo de 2011
SEQUÍA
Esa palabra que despunta tus labios hacia el frente
que echada al viento era un abril ardiente,
un beso de luz entre los árboles;
no me la entregas más a mí.
Y no puedo decir nada
porque sé que no sabes dar
como el sol da a todos por igual.
Porque jamás, jamás, ni en cielos blancos
ni en prados florecidos podrás mirar;
pues ciego te has apegado a un bastón
como si fuera tu carne.
No me inquieta ya más nada:
tu naturaleza dormida,
tu tardo instinto
te hace más daño a ti:
te empolva, te envejece.
Tu amor de espadas
que no protege ni mata,
se ha secado como árbol sin nombre.
Sandra Vidal.D. R. ©
jueves, 28 de abril de 2011
TUS NOMBRES
Un collar de nombres te he puesto para nombrarte incesantemente,
y andar por el mundo despierta con tus nombres en la mente.
Tus nombres como campanas que tocan mi tiempo;
tiempo de ti, de ti junto a mí;
tus nombres, mi linterna;
tus nombres, mi consuelo.
Llevo tus nombres atados a mis tobillos,
entre mis ojos,
en mis oídos;
es todo mi cuerpo la casa cálida donde encuentran consuelo.
En un racimo de días azules te habré pensado varias veces
¡Qué hermosa que eras!
Y te nombré, te nombré…
Pienso que tal vez tu rostro se parezca a alguno…
¿Pero tu voz, tu mirada?
Cuando se trencen los caminos,
y el manto purpura del anhelo caiga como frágil pétalo.
Cuando en el mar amanecido seamos olas cara a cara;
tus nombres serán banderas al viento,
corazones enraizados,
coronas de poesía;
y entonces, podré dejar de nombrarte en silencio.
Sandra Vidal.D. R. ©
y andar por el mundo despierta con tus nombres en la mente.
Tus nombres como campanas que tocan mi tiempo;
tiempo de ti, de ti junto a mí;
tus nombres, mi linterna;
tus nombres, mi consuelo.
Llevo tus nombres atados a mis tobillos,
entre mis ojos,
en mis oídos;
es todo mi cuerpo la casa cálida donde encuentran consuelo.
En un racimo de días azules te habré pensado varias veces
¡Qué hermosa que eras!
Y te nombré, te nombré…
Pienso que tal vez tu rostro se parezca a alguno…
¿Pero tu voz, tu mirada?
Cuando se trencen los caminos,
y el manto purpura del anhelo caiga como frágil pétalo.
Cuando en el mar amanecido seamos olas cara a cara;
tus nombres serán banderas al viento,
corazones enraizados,
coronas de poesía;
y entonces, podré dejar de nombrarte en silencio.
Sandra Vidal.D. R. ©
viernes, 4 de marzo de 2011
HASTÍO
Me hastié de ti,
de tus miradas inconclusas,
de tus manos diminutas,
de las palabras que no acaban.
Me hastié de tanto ir y regresar,
de tratar de prevenir con este olfato roto
los olores de tu casa, de tu piel.
Esa noche en la iglesia me hastié de ti,
de tu cabello obscurecido,
de la corpulencia de tus dedos,
de tu lógica, de tus versos .
Me hastíe tanto de ti, y tan de inicio
que creo que lo nuestro sólo fue correspondencia:
tú salvarme, para yo salvarte
de esas aflicciones que nos reunían:
huesos rotos, erupciones de años, noches de velorio y desvelos.
¡Cuánto estuvimos en las dolencias y que poco en las dichas!
A veces me esfuerzo en recordar ¿Cómo es que nos encontramos?
Algo andabas buscando en mí, o fui yo quien encontré algo en ti;
Ya no recuerdo, pero pienso que algún día debimos haber
bebido la leche del alba como licor nocturno,
y entonces nos perdimos, ¿o fue muerte natural?
Sandra Vidal.D. R. ©
de tus miradas inconclusas,
de tus manos diminutas,
de las palabras que no acaban.
Me hastié de tanto ir y regresar,
de tratar de prevenir con este olfato roto
los olores de tu casa, de tu piel.
Esa noche en la iglesia me hastié de ti,
de tu cabello obscurecido,
de la corpulencia de tus dedos,
de tu lógica, de tus versos .
Me hastíe tanto de ti, y tan de inicio
que creo que lo nuestro sólo fue correspondencia:
tú salvarme, para yo salvarte
de esas aflicciones que nos reunían:
huesos rotos, erupciones de años, noches de velorio y desvelos.
¡Cuánto estuvimos en las dolencias y que poco en las dichas!
A veces me esfuerzo en recordar ¿Cómo es que nos encontramos?
Algo andabas buscando en mí, o fui yo quien encontré algo en ti;
Ya no recuerdo, pero pienso que algún día debimos haber
bebido la leche del alba como licor nocturno,
y entonces nos perdimos, ¿o fue muerte natural?
Sandra Vidal.D. R. ©
sábado, 22 de enero de 2011
PRIMER ENCUENTRO CON LA MUERTE
Como un amanecer deshabitado,
mi amante sobre el lecho.
Aquellas que fueron rosas
que incendiaron con su aliento mis besos,
hoy sólo un lánguido pensamiento que prolonga el duelo.
Tu sombra como una sábana mortuoria cubrió mi cuerpo.
Tu nombre persigue mi vejes,
Y en la febril morada del recuerdo,
muero y vuelvo a nacer en el desvelo .
Larga agonía unge mi cuerpo ,
más nada sería más cruel que haber extraviado tu nombre en el tiempo.
Sandra Vidal.D. R. ©
jueves, 20 de enero de 2011
Meditación II
Miro el cuerpo solo,
Lo que dura un grito, un sollozo
El fugaz brillo de los ojos …
como los besos que el amante juzga eternos
El terror de hallar vacio,
vence el esplendor del pensamiento,
y como el pez y la serpiente;
uno en agua , otro en tierra
se deslizan y se agitan en el mismo sitio,
sin poder jamás uno de ellos ir a donde va el otro;
así la mentira de las formas no nos deja ser más de lo que somos:
las pieles luminosas que “perduran”,
la brisa de la voz en los oídos.
Así esta boca que día a día descubre palabras, no es mía.
ni las manos que acaricias,
ni los risos cobrizos,
ni los oscuros ojos que pensaste tan míos…
Sólo apariencia que torna a ser fin:cenizas, residuos;
más los pasos que hemos dado ¿a dónde irán?
Sandra Vidal.D. R. ©
Meditación I
¿El recuerdo existe: el aroma, sus imágenes?
Aquel que yace en mi andar de improviso,
sin desear esculpirlo o detenerlo.
Aquel que se alza como un cúmulo de seres de vida intermitente
que en ocasiones encienden los serenos labios.
¿Qué es?, si es, el recuerdo en esta tierra fugitiva de agua y de sollozos que es la realidad.
Sandra Vidal.D. R. ©
sábado, 11 de diciembre de 2010
DÍAS QUE PRONUNCIAN MI NOMBRE
La danza de los árboles,
las oraciones que pronuncia el viento con su vaivén
son deleite, son recuerdos…
que me llevan allá, de prisa sin detenerme en sueños
Los días así, cristalinos y enormes de luces de atardecer me conocen,
saben mi nombre,
lo cantan una y otra vez llenando su boca con mis letras;
y yo que a veces lo ignoro/y yo que a veces lo abandono/ que a veces me olvido
de vuestras terrazas floridas y cálidas,
de lo bien que me hace mirar desde voz el amanecer
y dejar que vuestra noche oculte la fugacidad de las aflicciones que me atormentan
para luego contemplaros,
aprender de memoria vuestros colores,
vuestros aromas y la ilusión de todo lo que veo.
Hincándome ante la dulzura de voz,
con regocijo de haberos conocido aunque fuese superficialmente,
con el corazón de agua y reflexivo os procuro.
Sandra Vidal.
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